cuatrodoce, temporada 2

Todo depende de los momentos.

Un día, hace ya más de tres años, comencé un proyecto que no sabía encaminar. Durante meses, pensé como podría ser capaz de mantener un blog, todavía no sabía muy bien sobre qué, que tuviera una importante carga personal en cada una de las entradas de él.

Nació un blog sin nombre, al que le encontré uno combinando el día y el mes en el que me compré mi primer ordenador. La incertidumbre de que nadie absolutamente estuviera interesado en lo que escribía, no impidió que durante meses, cuatrodoce creciera a un ritmo lento. Tampoco quise hacer nada por darlo a conocer. Era mi proyecto personal, mi blog, mi momento.

Y de repente encontré un objetivo, una dirección en la que me sentía agusto, y en la que pensaba que podía aportar algo. Fui consciente de la dificultad de mantener vivo algo así, sin perder el interés.

Los círculos se estrechaban, cuatrodoce sirvió de nexo de conexión entre más mundos separados por distancias que en un mundo interconectado no tienen sentido. Las piezas encajaron, la apuesta estaba hecha, y como quien explora un planeta desconocido, nació el podcast.

Pero hay situaciones que no podemos controlar, muchas veces estranguladas por sentimientos, trabajo y una vida personal que poco a poco, casi destruye todo aquello por lo que comencé aquel proyecto hace tres años.

Pero no. No será ahora, cuando todo tiene sentido, cuando permita que suceda algo para lo que nunca estaré preparado y no, nunca he querido hacerlo. Es aquello que nos aporta la blogosfera, nuestra participación en ella, sin lo que no podría vivir ahora mismo. Es aquel día, aquel primer big bang, el que ha hecho que todo cobre vida, de nuevo, y vuelva con más fuerza.

Es ahora cuando puedo permitirme continuar con cuatrodoce como nunca antes podría haberlo hecho.

Os he echado de menos.
Por eso, ahora, por fin es el momento.