Les cojo prestado “el palabro” a los artistas de Chandalismo, para contaros una historia sobre lo que significa diseño es una aplicación de software. Me refiero al diseño del interfaz con el usuario, hoy no hablaremos sobre patrones software ni esas cosas.

Estoy harto de aplicaciones increí­blemente bien programadas que acaban bastante jodidas por un diseño gráfico lamentable. Lamentable tirando a “bazofia”. Es decir, si os podéis imaginar una ensalada con lentejas, hamburguesa, caramelo y bacalao, todo junto, tendréis una idea de lo que significan para mi ese tipo de aplicaciones. En ellas, una ventana de programa es un monumento a lo hortera, con colores imposibles y combinaciones destructoras que inmediatamente pueden quemar tu retina. Botones gigantescos con textos y ventanas mal alineadas, sin ningún sentido, controles como “espolvoreados” por el formulario…

Cinco consejos. Si alguna vez sois programadores y pretendéis hacer una interfaz de usuario, seguid éstos pasos:

    1.- Hazlo simple y sencillo. Si dudas sobre si ya es lo suficientemente simple, es que puede serlo más.
    2.- Más colores no significa que la aplicación sea más bonita.
    3.- Más imágenes no significa que la aplicación sea más bonita.
    4.- Los GIF animados que se usaban en internet hace 7 años no son una buena idea.
    5.- Si ves gente quedándose ciega alrededor tuyo, es una mala señal. Restaura el formulario a los valores por defecto.

He visto auténticas maravillas, obras de arte de la ingenierí­a del software echadas a perder por un diseño “grotesco” (por ser suave). La impresión en estas aplicaciones de cara al cliente es de un mal trabajo. Muchos informáticos piensan que un código bien diseñado cautivará al cliente, pero no es cierto. Ni siquiera pondrá sus manos en un teclado para manejar una aplicación si lo que tiene delante es un engendro visual.

Si no sabes diseñar, no lo hagas. Sigue las normas básicas de estilo que siguen el resto de aplicaciones y haz una aplicación sin modificar el interfaz de tu sistema operativo. No es cuestión de gustos, es auténtico sentido común “visual”. Y sobre todo, déjate ayudar: Quizás tu diseño a ti te parezca una auténtica obra de arte Picassiana cuando el resto del mundo lo ve como un cuadro de un “Todo a cien”.