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Blog personal de Pedro Aznar

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Uno de ellos

Por alguna caja de mi casa todavía conservo una colección de antiguos CDs grabados. Tienen más de 15 años. Uno de ellos me costó completarlo con todo lo que quería. Antes era complicado conseguir esos vídeos y la forma de descargarlos te obligaban a indagar en el código fuente de la página hasta encontrar el mágico enlace al .mov donde estaba lo que buscaba. Y luego había que descargarlos, con aquella triste velocidad de Internet de la época.

Recuerdo que los ordenaba por años, y dentro de cada año, cada evento estaba nombrado con el formato de fecha americana, por aquello de que las columnas de la ventana siempre lo ordenaran por fecha. ¿Cuantas veces habré visto esos vídeos? Aquel CD ya está amarillento – era de los baratos – aunque todavía puede leerse mi destartalada letra: “Apple keynotes”.

Una cosa más

Hace casi exáctamente diez años, viajaba bastante tarde en mi coche por la noche. Cansado de los habituales programas de radio, grabé un CD con algunos MP3 de aquel nuevo invento de Internet, los podcast. Uno de mis preferidos era sobre software libre, del gran Carlos Fenollosa. En él, Carlos comentaba un poco el estado de las cosas del mundillo, y aportaba su opinión de forma informal pero certera. Me encantaba su estilo.

Me pareció una idea genial aquello de los podcasts. Para mi, era una forma fantástica de estar al día de todo, eran como “blogs de audio”, y no necesitabas estar delante de un ordenador para nada. Apasionado por Apple, busqué alguno de la compañía pero por la época apenas había presencia en español. El veterano TerritoriMac y MacSpain pero desafortunadamente no tuvo mucha periodicidad. Pensando en lo que me gustaría encontrar un podcast sobre Apple, me encontré escribiendo un guión para uno.

Un viaje

El primer recuerdo sobre algo escrito por mi es del colegio. En clase, la profesora nos animaba a una especie de concurso donde cada alumno escribía una historia, y después la clase votaba la que más le había gustado. Mi primera historia contaba cómo un grupo de astronautas llegaba a Marte, y gran parte de ella se dedicaba a describir como era la nave espacial que lo conseguía. Ese día gané, y creo que ha sido el premio más importante de mi vida porque aún sigo acordándome de ello en días como hoy.

En los últimos años de colegio, algunos amigos y yo nos dedicábamos a escribir pequeños “fanzines” sobre informática y videojuegos. Estaban rudimentariamente escritos en mi Amstrad CPC 464, y maquetados utilizando la antigua técnica de recortar, pegar, y fotocopiar. Los intercambiábamos, por pura diversión, como parte de cierto interés por continuar las conversaciones del patio. Y también, por las ganas de crear algo propio y de hacer llegar de forma distinta nuestras opiniones al resto.

The Martian (El Marciano), opinión

Todo lo que rodea la obra de Andy Weir es excepcional. No se trata de una frase hecha, la oiréis muy a menudo de aquí a unos meses, creedme. Primero, cómo fue concebida. Weir no es escritor, en realidad se dedica a programar aplicaciones para móviles. Autopublicó la primera versión en Amazon, y una editorial americana – con muy buen tino – dijo “¡OSTIA!” o “OMFG!” y le llenó los bolsillos de pasta para publicarlo en papel y conseguir los derechos.

El Marciano (“The Martian”, título original y más conocido incluso fuera de EEUU) narra la historia de un astronauta perdido en Marte debido a un cúmulo de mala suerte. Su tripulación tiene que cancelar la misión y salir del planeta y lo dan – erróneamente – por muerto. Esa es la primera página del libro. A partir de ese momento, Weir nos cuenta la historia fraccionada en entradas al diario de la misión, que más adelante salpicará con otros pasajes y narraciones para ver alguna escena en concreto en perspectiva. Leyéndolo, podríamos pensar que el libro ha estado asesorado por cientos de consultores científicos de la NASA, pero el autor se lo inventó todo. Bueno, aún mejor: buscaba en Google lo que no sabía (lo que hacen los programadores, vamos).

Apple lanzará su propio televisor porque nadie lo está haciendo bien (del todo)

Cuando comenzaron los comentarios sobre la TV de Apple, pensé que sólo se trataba de apuntar los rumores hacia la siguiente gama de productos que la compañía podía abordar. Sin embargo, creo que jamás llegué a creérmelo del todo. A ver, las televisiones son lo que son. Sirven para ver la tele, todo lo más mirar el teletexto y jugar con la consola. Poco más. Se mejoran con más resolución, más calidad de imagen. Y ya está. Eso es una tele. ¿O no?

Cuando me quise dar cuenta, entendí que mi opinión era la misma que tenían aquellos que en 2007 no veían cómo evolucionar los móviles. Sirven para llamar, mirar mensajes y jugar a pequeños juegos tontos. Poco más… ¿no? En realidad no. La llegada de la generación de smartphones que disfrutamos hoy en día quitó la razón a aquellas personas y descubrió nuevos mercados: tiendas de aplicaciones, accesorios, dispositivos conectados con otros… Nuevos usos.

PlayStation 4, aterrizaje forzoso

Existía gran expectación por el PlayStation Meeting 2013, donde Sony acabó “presentando” ayer la PS4, que muchos aficionados a los videojuegos esperábamos como abanderada de la nueva generación (Wii U va un poco por libre, en mi opinión). Ojo porque he puesto “presentando” entre comillas, y es que a la compañía nipona no nos mostró la consola física en ningún momento. Ni siquiera un esbozo. Tan sólo vimos el nuevo mando.

Esto, pensaréis, no es determinante para una consola de videojuegos donde prima lo que es capaz de hacer. Sin embargo, no sólo no nos mostraron la consola, tampoco nos explicaron que aportaba (más allá de las especificaciones técnicas, demasiado ambiguas, por cierto). Nos enseñaron el mando pero no cómo interactuaba con la consola, vimos un acercamiento muy pobre al nuevo PS Eye, que además fue mal introducido en una parte de la presentación donde muchos nos preguntamos qué demonios estaban haciendo.

BYTE Magazine, una ventana a otros mundos

En 1960 Wayne Sanger Green, natural de Littleton (New Hampshire, en Estados Unidos), fundó una pequeña revista para radioaficionados llamada “73”. En la jerga del mundillo, “73” significa “saludos cordiales” y muchos la consideran como una de las promotoras de las tecnologías implicadas en la radio moderna. Cada número constaba de unas 300 páginas y estuvo nada más y nada menos que 43 años en activo, hasta que en Octubre de 2003 cerró.

Y sin embargo, esa revista llegó más allá. Aquellos primeros años, los 60, 70 y 80, fueron memorables para la tecnología: el auge de la entonces denominada “micro-informática” y el descubrimiento de un nuevo mundo de posibilidades por los ordenadores abría la humanidad hacia un camino que nadie había recorrido antes. Wayne y su revista 73 también son recordados por otro hecho: la intersección entre la radio y la informática personal.

Algunas reflexiones sobre jOBS

Con la puesta en público ayer del primer vídeo de jOBS, la película sobre los primeros años de Steve Jobs en Apple (recordemos que vendrá otra dirigida por Aaron Sorkin y producida por Sony), comienzan a llegar los titubeos sobre los que nos espera. En la entrada donde anuncié la disponibilidad del vídeo, los lectores de Applesfera no acababan de encontrarle el punto, muy al contrario que yo. En sólo un minuto es difícil evaluar un papel, pero en mi opinión, el camino está trazado.

El problema con Ashton Kutcher es su popularidad. Además su aspecto físico apenas varía entre los diversos papeles que interpreta, y eso da una sensación de repetición que un personaje tan carismático como Jobs no puede permitirse. Sin embargo, a pesar de esta similitud física evidente con otras películas, vi un Kutcher centrado con buenos gestos e incluso un tono de voz muy cercano al original.